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septiembre 04, 2021

Cómo murió César Lora

(Revista Primera Plana, Siglo Veinte, 1965) .- E
n Sacana, a 15 kilómetros de Buenavista, un piquete de civiles armados al mando de Próspero Rojas, Eduardo Mendoza y N. Osio, apresó a César Lora e Isaac CamachoGolpearon bestialmente a Lora y lo mataron con un tiro en la cabeza.

Encontrar a Isaac Camacho, dirigente minero caído en desgracia desde mayo pasado, no es tarea fácil. El acompañante de César Lora que fue testigo de su muerte y un salto de mata por este distrito donde la Guardia Nacional y la Dirección de Investigación Criminal (DIC) tienen un enorme personal de vigilancia;  pero, tiene a su favor los socavones y los mil y uno recovecos que dan al minero experimentado una protección contra la que la policía no puede hacer nada…

Concertamos finalmente una cita, de noche, en la casa de un amigo común, y charlamos largamente sobre la muerte del dirigente minero que ha provocado controversias que subsisten hasta ahora.

Última etapa

Isaac Camacho es un hombre joven, de tez morena y de un aspecto que le revela enfermo o muy cansado, contrastando con su cuasi robustez anterior. “Vivir en el interior de la mina no es saludable”, dice a manera de explicación.

Iniciamos la entrevista pidiéndole que nos relacionen los sucesos que culminaron con la muerte de César Lora. “Muy poco es lo que tengo que añadir –nos dice– a lo que declaré a los periodistas de La Paz. El 26 de julio partimos de Sucre, donde al parecer ya habíamos sido identificados, para dirigirnos a San Pedro de Buenavista; íbamos en pos de tranquilidad y porque queríamos, fundamentalmente, reiniciar el contacto con nuestro partido y nuestros compañeros mineros ”.

“En el trayecto –prosigue– resolvimos alquilar una mula para transportar nuestras pertenencias que, aunque pocas, nos hacían dificultoso avanzar. Estábamos verdaderamente cansados ​​y nuestro caminar era lento, fatigoso… ”.

Delación

“En el viaje de Huañuma –continúa relatando– fuimos reconocidos por un exminero, Eduardo Mendoza, que después supe era dirigente Movimiento Popular Cristiano (MPC) en esa región. Él se encargó de dar la voz de alarma a los elementos oficialistas que ya nos han estado buscando por toda la zona ”.

“Tres días después de nuestra partida y cuando nos hallábamos ya en Sacana, a 15 kilómetros de Buenavista, nos salió al paso un piquete de civiles armados, al mando de Próspero Rojas, el ya citado Eduardo Mendoza y N. Osio, quienes nos hicieron presos sin dificultades. Hubo sorpresa y delación, pues, el mismo que nos había alquilado la mula dio parte de nuestra presencia en la región, confirmando la delación de Mendoza que hacía el papel de sabueso en pos nuestra ”.

Asesinato

“Cuando éramos conducidos a San Pedro –continúa Camacho– ya pocos metros del cruce de los ríos Toracarí y Ventilla, nuestros captores comenzaron a golpear bestialmente a César Lora. Cuando yo forcejeaba para liberarme de mis guardias, escuché un tiro de revólver. No bien volteé la cabeza, vi a César Lora en el suelo con la cabeza que le sangraba, murió casi instantáneamente, demandé que me victimaran de la misma forma. Por supuesto, no pasó nada. Tengo la seguridad, por este antecedente y por los informes que ya han llegado hasta nosotros, que la patrulla oficial recibió órdenes de asesinar únicamente a Lora. Luego del suceso y cuando proseguimos la fúnebre caminata, me enteré, por las charlas de los que nos apresaron y asesinaron a Lora.
“Otro antecedente significativo es que el mulero, Enrique Mareño, fue detenido en la bajada que llaman las 'Siete Cruces', que está aproximadamente a 25 kilómetros de Sacana, donde los cabecillas del grupo que he mencionado, le dijeron que estaban buscando a dos políticos prófugos, mencionando nuestros nombres ”.

No hubo ayuda oficial

“Cuando la comitiva, con su fúnebre carga, se aproximaba a San Pedro de Buenavista –continúa el minero– nos salió al encuentro el Sub-prefecto, que como por milagro ya estaba enterado de todo lo sucedido, pese a que en el trayecto no hay ni telégrafo y, por supuesto, ni teléfono. Fue él quien ordenó que el cadáver se trasladara hasta San Pedro. Ya en esa localidad, la presencia de la comitiva y el espectáculo de César Lora con la cabeza totalmente cubierta de sangre, causó verdadera indignación entre los pobladores que en un principio quisieron linchar a los homicidas. Por una trágica coincidencia, mi compañero de infortunio fue a morir allí donde había nacido ”.

“Allí se produjo un verdadero tumulto, pues la gente del pueblo quería castigar en el acto a los asesinos, exigiendo además que el cadáver fuera del velado en el salón municipal”.

“Es falso que las autoridades me hubieran ayudado y facilitado mi viaje. Fue el pueblo el que me auxilió, me puso en libertad y me embarcó en un camión que se dirigía a Oruro, en caso contrario, estoy seguro de que hubiera continuado preso hasta ahora o hubiera seguido la suerte de Lora, por ser un testigo incómodo ”.

La otra versión

Le decimos a Isaac Camacho que en La Paz se presentó dos personas afirmando que un disparo fortuito, durante una reyerta, había causado la muerte de Lora, y le leemos aquella parte del importe del ministerio de Gobierno que asegura que “Próspero Rojas y Lora disputaban la posesión de la pistola de éste último, Rojas se negaba a devolver el arma que Lora había ofrecido en venta y se empeñó en entregar dicha pistola a la policía de San Pedro de Buena Vista. En un arranque de nervios, y como ambos protagonistas estaban bebidos al igual que los demás acompañantes, Lora se abalanzó sobre Rojas para quitarle el arma. En el forcejeo se produjo un disparo cuyo orificio de entrada se produjo en la naciente orbicular externa derecha de la cara de Lora, con orificio de salida en la región occipital del mismo lado… ”.[1]

Falsedades

“Las autoridades –señaló Camacho– procedieron con muy poco tino. En primer término, los testigos, seguramente pagados o cómplices del crimen, no debían comparecer ante los tribunales de La Paz sino de Potosí. Pero, ese es antecedente sin importancia. Lo que si llama la atención es que se diga que Lora ofrecía su pistola en venta. Ella le fue arrebatada, naturalmente, tan pronto como fuimos capturados. Luego, ¿cómo puede creerse en semejante ingenuidad? ¿Dónde se ha visto que el preso ofrezca en venta un arma a su captor? ”

“Más, lo que en verdad me ha indignado –manifestó nuestro entrevistado– es que se diga que 'Lora y Camacho bebieron chicha en abundancia…'. Todos quienes conocen a César Lora saben de memoria que jamás bebió; es más, tenía marcada aversión por las bebidas alcohólicas. Cuarenta mil mineros (afirmó enfáticamente) están dispuestos a declarar y comprobar que su dirigente jamás tomó una copa de bebida; le tenía repugnancia al alcohol… ”. [2]


Otros antecedentes

Pero, hay más, nos dice el minero. “Según el informe que publicó la prensa y que tienen ustedes en la mano, hay un 'orificio de salida en la región parieto occipital'; pero, resultó que la bala que mató a Lora, la única en este caso, recién fue extraída, achatada, cuando se le practicó la autopsia. Esto significa, a juicio mío, que el documento oficial fue redactado sin suficientes elementos de juicio, sin una investigación previa que era esencial ”.

“De otra parte –prosigue– cuando se practicaba la autopsia aquí, en Siglo Veinte, en presencia de familiares del difunto, se pudo comprobar que el cadáver presentaba un fuerte golpe en la base del cráneo. Los médicos no opinaron sobre la causa; pero yo, testigo presencial de los sucesos, puedo afirmar que esas marcas señalan los golpes que obtuvieron César Lora antes de recibir el 'tiro de gracia' ”.

Investigación

Hasta aquí lo que nos dice Isaac Camacho, dirigente minero y militante porista que ahora vive prófugo. En tanto, la opinión pública cree que, sean cuales sean las causas del crimen, una investigación seria ya fondo se impone por muchas razones. César Lora Escóbar era un dirigente sindical y político que gozaba de enorme prestigio en las minas y fuera de ellas. Su vida consagrada a la lucha por los trabajadores mineros, por quienes ingresó a los socavones hace quince años, sin ser de familia obrera, fue un ejemplo de austeridad, de trabajo y de sacrificios. No se puede, por eso, dejar el crimen impune. Como no se puede dejar que la duda y las acusaciones den pábulo a todo género de comentarios que atañen al gobierno.

La muerte de César Lora debe aclararse totalmente, para que no se hable más de asesinato y de venganza. Esto interesa más que a nadie al gobierno, que en ningún caso debe dar por concluidas las investigaciones de un hecho que hasta ahora resulta muy poco claro.

Notas:
[1]  El Diario informó el miércoles 11 de agosto de 1965 que “Dos testigos presenciales del incidente que culminó con la muerte del ex minero César Lora se presentó ayer ante el secretario de Cámara de la Corte del Distrito, José Goitia Alcalá, para declarar que el deceso del ex trabajador del distrito de Siglo XX se debió en circunstancias absolutamente fortuitas.  Napoleón Ayaviri y Juan Ramos dijeron haber presenciado el incidente entre Próspero Rojas y César Lora, el primero de los cuales trataba de vender un revólver a Lora.  Ambos, según la declaración se encontró en estado de ebriedad y, en un momento dado, en forma inesperada, salió un disparo del arma que alcanzó en la cabeza a César Lora.  Después Rojas se presentó ante las autoridades.

[2]  "Novedades", La Paz, 7 de agosto de 1965: A los periodistas extranjeros se les ha dado dos versiones diversas y ambas totalmente falsas y hasta ilógicas: Primero se dijo que César Lora cayó víctima del choque entre laimes y jucumanis, tradicionales adversarios por linderos.  Los informantes violentaron la geografía y hasta el sentido común.  El escenario de la lucha permanente entre estas dos comunidades campesinas está situado a cien kilómetros de distancia de San Pedro.  Luego se sostuvo la peregrina tesis de que probablemente los mismos extremistas (los poristas) victimaron a su camarada para que sirva de bandera de agitación. El solo hecho de que se hubo formulado esa posibilidad demuestra hasta dónde pueden llegar nuestros adversarios políticos y no de otra naturaleza.


César Lora entre los mineros

(Masas N ° 323, 31 de agosto de 1966) .- El viernes 9 de julio, al caer la tarde, partió de la Plaza del Minero de Siglo XX una larga columna de trabajadores que he abandonado los socavones o sus guaridas de perseguidos para poder asistir a la romería organizada por el Partido Obrero Revolucionario en homenaje a César Lora, que fue uno de sus más esclarecidos dirigentes.

La bandera trotskystas (la hoz y el martillo cruzados por el cuatro sobre un rojo encendido) se movió agitada por el rudo viento invernal. Un brazo poderoso, todo músculos y nervios, levantaba orgulloso la insignia de combate, que ha demostrado saber mantenerse firme en la derrota e imperturbable ante los halagos de la victoria. A su lado aparecía la tricolor boliviana.

Seguían grupos de mujeres vestidas de negro y donde se confundían los vestidos y las polleras. Otras banderas, entre ellas de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, sostenidas por muchas manos y la columna de los que tiene presente el ejemplo del caudillo obrero. Los gritos de protesta rasgaban el ambiente eléctricamente sobrecargado y el cielo encapotado. Los cerros, desnudos, policromos y resplandecientes respondían a las consignas lanzadas por los hombres, como queriendo sumarse a la marcha que llevaba un ritmo de combate y no de duelo. Los jóvenes sostenían un retrato del que supo señalarles el camino de la lucha. La imagen reproducía a un hombre de mediana edad, pero de mirada y rasgos firmes, que ciertamente sabía lo que quería.Una banda de músicos se empeñaba en marcar los compases de los tristones boleros de caballería.

Los partidos que conforman el frente de izquierdas denominado CODEP, presentes en los actos de conmemoración del alevoso asesinato de que fue víctima el dirigente porista. También se sumaron personeros de los sindicatos. Hicieron, uso de la palabra personeros del PRIN y del Sindicato de Catavi. Los oradores coincidieron en un punto: había llegado el momento de que los trabajadores sigan el ejemplo dejado por el indomable y honestísimo luchador.

Isaac Camacho, a nombre del Comité Regional porista, subrayó el espíritu de solidaridad que anima a los componentes del Consejo Democrático del Pueblo. Con palabras precisas dejó sentado el siguiente pensamiento: “El camarada, el amigo, el hermano queda reproducido en granito para siempre y para que al verlo todos los días tengamos en cuenta sus enseñanzas.

No bien el corneta concluyó su larguísimo lamento, por momentos era un hiriente alarido, se incorporó en la tribuna G. Lora, para hablar a nombre de la dirección porista. Reproducimos algunos conceptos: “Venimos hasta el camarada que descansa en esta tumba no únicamente para rendirle homenaje, sino para decirle que la bandera que él nos dejó la seguimos manteniendo en alto, que continuamos con la lucha por él trazada.

“Viejos camaradas y amigos se congregan junto a elementos nuevos, que tal vez no conocieron a César Lora, pero todos vienen a decirle que siguen devotamente su ejemplo de entrega total; que como él están dispuestos a darlo todo por la causa obrera, a no pedir nada en recompensa de los sacrificios hechos diariamente.

“El seguramente jamás habría querido que se le esculpa una estatua, era un modesto soldado de la causa revolucionaria. Pero se habría sentido feliz al saber que hemos jurado no descansar hasta tanto no sea expulsado del poder el fascismo castrense, hasta que no hagamos morder el polvo de la derrota a los generales masacradores.

“El mejor homenaje al querido camarada desaparecido consiste en que todos nosotros nos esforcemos por ser mejores revolucionarios.

“César Lora está presente entre nosotros; cada uno de los militantes revolucionarios encarna sus ideas. Si el fascismo criminal creyó asesinarnos en la persona del gran luchador, nosotros, en nuestra actividad diaria, damos nueva vida a la víctima generosa ”.

Flores y lágrimas

El rudo invierno de Llallagua quedó desmentido por esa tumba totalmente cubierta de flores. El amor entrañable de las gentes humildes hacia el caudillo se tradujo en coronas multicolores, en oraciones dichas con profunda convicción.

Y los rostros endurecidos de los viejos soldados quedaron marcados por las lágrimas que no pudieron ser contenidas. Los más bravos luchadores, esos hombres que de igual a igual a igual juegan con la muerte, lloraron por el camarada inmolado.

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